Rosquillas de anís


La semana pasada publiqué en mi canal de YouTube la video-receta de las rosquillas de anís, las auténticas, las de toda la vida, y que además, con el truco final que os muestro (le doy las gracias a mi vecina por ello) no se os pondrán duras aunque pasen dos o tres semanas, aunque, sinceramente, jamás llegan a durar tres o cuatro días... jejeje.
Bueno, primero os pondré aquí la receta por escrito, y después os pondré el video para que podáis echarle un ojo. Las medidas las he puesto por gramos y ml como es costumbre pero en realidad es algo aproximado, ya que esta receta me la dio mi tía y a ella se la habían pasado sus vecinas del pueblo tal como la tenían, de forma tradicional, con medidas de cucharas, copitas, etc... Otro dato a destacar es el tema de la harina. En las rosquillas, la medida de la harina no es definitiva, sino la que admita, unas veces será más y otras será menos, todo dependerá del tamaño de los huevos, de la cantidad de aceite, de anís, del tipo de harina... así que por eso hablaremos en medidas de "aproximadamente"... Dicho esto, vamos a ver la receta!
 
Ingredientes:
- 4 huevos.
- 175 ml de aceite de oliva (aprox.)
- 225 gr de azúcar blanco (aprox.)
- 1 sobre de levadura en polvo (o 2 cucharadas de bicarbonato).
- Ralladura y zumo de un limón.
- Aprox. 200 ml de anís.
- 2 cucharadas aprox. de anís en grano.
- Aprox. 1 kilo de harina.
 
Elaboración:
Primero pondremos a tostar ligeramente los granos de anís en una sartén, sin aceite ni nada, los apartamos y los machacamos, aunque no del todo, para encontrarnos algún que otro grano de anís en las rosquillas. Reservaremos esto para más tarde.
 
Por otro lado, mezclaremos el resto de ingredientes excepto la harina. Podemos hacerlo en el orden del video o en cualquier otro, siempre que lo mezclemos todo bien. Después, iremos tamizando la harina sobre la masa a medida que vamos mezclando. Lo haremos poco a poco, para ir viendo la cantidad que necesitamos. Cuando tengamos una masa que prácticamente no se pegue a los dedos, dejaremos de echar harina. Y digo "prácticamente" porque el siguiente paso es espolvorear harina sobre la encimera para formar los rulos con los que haremos las rosquillas y donde la masa, evidentemente, seguirá absorbiendo harina.
 
Cuando tengamos nuestras rosquillas hechas (por cierto, recomiendo no hacerlas muy gorditas, ya que con la levadura crecerán, y a parte de eso, si son muy anchas, se quedarán crudas por el centro aunque por fuera estén bien doraditas), ponemos a calentar aceite de girasol en una sartén o cazo. El aceite debe estar bien caliente pero sin que llegue a echar humo, entonces iremos friendo nuestras rosquillas, dorándolas por ambos lados de manera uniforme. Las iremos sacando y poniéndolas sobre papel de cocina para que absorban el exceso de aceite.
 
Una vez fritas, viene el truco final, el que hará que no se endurezcan: cogemos agua y anís más o menos a partes iguales, y lo calentamos pero sin que llegue a hervir, entonces, cogiendo las rosquillas de una en una, las vamos sumergiendo en este líquido, las metemos y las sacamos rápidamente, ya que si las dejamos más tiempo se romperán o se desharán... Después, las disponemos para rebozarlas por azúcar y ya podemos disfrutarlas (en cuanto se enfríen, claro, jeje).
 
La forma de guardarlas la podéis hacer de varias maneras: en una lata, en una campana de cristal... yo las pongo en una cestita de mimbre con un paño de algodón en el fondo y otro paño para taparlas. Lo que no os recomiendo es que las guardéis en un tupper de plástico, porque puede suceder que se queden como el pan de un día para otro: chicloso...
 
Espero que os guste esta receta tan tradicional y ahora sí, os dejo con el video:
 
 
Gracias por leerme,  vuestros comentarios son bienvenidos!


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